El problema ve
quan no saps de qui és el problema, si dels demés o teu. I et ratlles. T’afones
en la pura misèria perquè inevitablement penses que tot és culpa teva. Plores
pels cantons. I a l’estona t’ompli la grandesa i et sens el propi món. Que
ningú t’afone, qui tinga cap mena de problema amb tu que es foti, que tu
pots amb això i més. Però en el fons saps que no és cert, que la culpa és teva,
que tantes persones no poden estar enganyades. Et passes el dia mirant la
pantalla del telèfon mòbil esperant respostes, esperant quelcom que mai
apareix. Una minúscula esperança que faça sonar el “bip” característic de quan
tens una notificació al mòbil o qualsevol altra estupidesa que tingues de so,
no importa. La qüestió és que esperes una cosa que no arriba. I perds la
paciència. La perds amb cada notificació de les rebaixes de Venca, i fins i tot amb
la notificació del professor de Dibuix Arquitectònic dient que canvia l’hora de
la classe de dijous per endarrerir-la i que ens alcem més tard, 30 minuts més d’una
son que fa molt de temps que has perdut, canviada per nits senceres amb la
música a les orelles i mirant un sostre blanc immaculat però sense vore'l; la
teva ment està més enllà de les parets d’aquella habitació, d’aquell pis de
mala mort. Durant aqueixes hores vagues més enllà dels carrers de Benimaclet,
estàs corrent per l’Alameda sota uns núvols grisos de pluja que mai deixen
caure res. I la gent dorm, llig, riu, beu, balla, folla. I tu corres per l’Alameda.
lunes, 7 de octubre de 2013
viernes, 4 de octubre de 2013
La verdad sobre el caso Harry Quebert - Joel Dicker
"-Señoras y señores, todos andamos muy revueltos por lo que
está pasando en Washington, ¿verdad? El caso Lewinsky… Sepan que desde George
Washington, en toda la historia de los Estados Unidos de América han existido
dos causas para poner fin a un mandato presidencial: ser un destacado rufián
como Richard Nixon, o morir. Y, hasta hoy, nueve presidentes han visto interrumpido
su mandato por una de estas dos razones: Nixon dimitió y los ocho restantes se
murieron, la mitad de ellos asesinados. Pero he aquí que a esta lista podría
añadírsele una tercera causa: la felación. La relación bucal, el francés, el
chupa chupa, la mamada. Y cada uno de nosotros debe preguntarse si nuestro
poderoso Presidente, cuando tiene el pantalón bajado hasta las rodillas sigue
siendo nuestro poderoso Presidente. Porque eso es lo que apasiona a América:
las historias de sexo, las historias de moral. América es el paraíso de la
pilila. Y ya verán ustedes, de aquí a unos años nadie recordará que el señor
Clinton levantó nuestra desastrosa economía, gobernó de forma experta con una
mayoría republicana en el Senado o hizo que Rabin y Arafat se estrecharan la
mano. En cambio, todo el mundo recordará el caso Lewinsky, porque las mamadas,
señoras y señores, permanecen grabadas en la memoria. Bueno, a nuestro
Presidente le gusta que le purguen de vez en cuando. ¿Y qué? Seguramente no es
el único. ¿A quién de esta sala también le gusta? (…) Levántese, mi joven
amigo. Levántese para que le vean bien y dígame en qué está pensando.
-Me gustan mucho las mamadas, señor. Me llamo Marcus Goldman
y me gusta que me la chupen. Como a nuestro querido Presidente. (…)
-Díganos, joven: ¿le gusta que se la chupen los chicos o las
chicas?
-Las chicas, profesor Quebert. Soy un buen heterosexual y un
buen americano. Dios bendiga a nuestro Presidente, al sexo y a América. (…)
-Ya ven, a partir de ahora nadie mirará a este pobre chico
de la misma forma. Todo el mundo pensará: ése es el cerdo asqueroso al que le
gustan las mamadas. Y poco importarán sus talentos, poco importarán sus
cualidades, será para siempre <<Señor Mamada>> (…). Señor Mamada,
¿podría explicarnos ahora por qué ha realizado tales confidencias mientras sus
compañeros han tenido el buen gusto de callarse?
-Porque en el paraíso de la pilila, profesor Quebert, el
sexo puede hundirte, pero también propulsarte hasta la cima. Y ahora que todo
el auditorio tiene puestos sus ojos en mí, tengo el placer de informarles que
escribo cuentos muy buenos que se publican en la revista de la universidad, que
venderé a la salida de clase por cinco dólares de nada el ejemplar. (…)
-¿Cuántos ha vendido?
-Todos los que tenía, cincuenta ejemplares. Y me han
encargado un centenar pagados por adelantado. Los he pagado a dos dólares cada
uno y los he vendido a cinco. Así que acabo de ganar cuatrocientos cincuenta
dólares. Sin contar con que uno de los miembros del consejo de redacción de la
revista acaba de proponerme que me convierta en redactor jefe. Dice que acabo
de dar un golpe publicitario enorme para la revista y que nunca había visto
nada parecido. Ah, sí, se me olvidaba: una decena de chicas me han dejado sus
números de teléfono. Tenía usted razón, estamos en el paraíso de la pilila. Y
debemos saber cuándo utilizar esa información en el momento oportuno."
miércoles, 2 de octubre de 2013
Te espero entre poesías.
Vuelven las cenas a base de tabaco, las noches sin dormir y el escribir sin tener nada que contar. La adicción a un buen libro a falta de drogas a las que engancharme; cansancio inesperado e imaginación desbordada. Risas hipócritas, enlatadas. Vivir pendiente del maldito reloj, tener una botella de cerveza como prolongación de mi mano. Que pasen las horas demasiado deprisa, no saber en qué mundo vivo. Añorar tu olor a mezcla de marihuana y vodka. Enterrar toda una vida en una maleta y luego abandonarla. Apuntes por ordenar de una vida llena de rutina, todo un mundo por recorrer.
Tengo mono de algo que jamás he tenido, no sé. Mejor voy a por un café.
Tengo mono de algo que jamás he tenido, no sé. Mejor voy a por un café.
martes, 17 de septiembre de 2013
Estrépito.
Y las cosas dejaron de ser simples, como si alguna vez lo
hubieran sido. Fúmate ese cigarro, chico, que se te va a apagar. Aprovecha la
vida, viejo, que se te está escapando. Tú, ¿qué miras? ¿Qué buscas? ¿Eres
feliz? No lo creo. He aprendido que siempre hay que seguir caminando,
que aunque las cadenas estén ahí, sujetándonos, no nos aprisionan. ¿Que por
dónde hay que caminar? Cómo seguir es algo que no sé decir. El sol siempre sale
por el este, y éste es un lugar en el que no quiero volver a estar, me recuerda
demasiado de dónde provengo. Una vez leí que, en ocasiones, la soledad no es más que la cuchara solitaria batiendo el
café de las mañanas grises. El café de las mañanas, el de las tardes, el de
las noches. 42 páginas de 99 de unos apuntes de Construcción más infumables que otra cosa. Leídas, digo; ya ni me acuerdo de la mitad. Para
la tierra sólo eres esa cosa que proyecta una sombra sobre sus carnes. Ya se me
hace hasta gracioso utilizar esa palabra, proyectar.
“La apatía es la solución, es
decir, resulta más fácil abandonarse a las drogas que enfrentarse a la vida,
robar lo que uno quiere que ganárselo, pegar a un niño que enseñarlo “.
domingo, 1 de septiembre de 2013
Fiestas, bajones, respuestas, conocimiento.
A este septiembre lo llamaré café, marihuana y Riot Propaganda. Lo llamaré resaca cada domingo, rap a todas horas y caramelos de miel; desconocidos, conciertos y mala televisión. Orden y desorden.
A este septiembre lo llamaré universidad, escribir y salir; fumar y cobrar vida a cada calada, y perderla en cada exhalación.
A este septiembre lo llamaré cachimbas, ruido y horas perdidas; trabajo, piercings y poesía. Lo llamaré manifestaciones, barricadas y mar; ver amanecer desde la ventana, anochecer, utopía.
A este septiembre lo llamaré cervezas en la plaza, rastas y Bukowski en el metro, o leer, vivir y sufrir.
A este septiembre lo llamaré caos, porque todo empezó en un caos y en caos consiste mi alegría.
A este septiembre lo llamaré universidad, escribir y salir; fumar y cobrar vida a cada calada, y perderla en cada exhalación.
A este septiembre lo llamaré cachimbas, ruido y horas perdidas; trabajo, piercings y poesía. Lo llamaré manifestaciones, barricadas y mar; ver amanecer desde la ventana, anochecer, utopía.
A este septiembre lo llamaré cervezas en la plaza, rastas y Bukowski en el metro, o leer, vivir y sufrir.
A este septiembre lo llamaré caos, porque todo empezó en un caos y en caos consiste mi alegría.
jueves, 22 de agosto de 2013
Explorant latifundis estel·lars
Trobe a faltar
dormir en una tenda de campanya gitada damunt de pedres amb l’única protecció
d’una tovalla i rodejada de restes de cigarrets. Escric açò asseguda a la taula
del menjador del pis de la capital i em sent rara perquè no m’he assegut en una
cadira que no fóra de platja en quatre dies. I ho enyore. Enyore no tindre
menjar i alimentar-me amb tabac i kalimotxo, enyore la falta completa i
absoluta d’horaris, l’alçar-me a les 6 del matí, fumar, veure les cares de
rebentats de tots i tornar a dormir, llevar-me de nou a les 8, beure un parell
de tragos i anar rodejada de gent coneguda hores abans a per cafés al bar del
poble mentre discutim sobre qui de tots ha dormit menys i pitjor, tornar i
ficar-nos a beure com descosits a crit de “vull
alcoholitzar-me!”, la torrà del migdia amb veïns de tenda que ni coneixíem més
que d’algun “eh, voleu un canut?”,
nugar-nos les ronyoneres, carregar-nos de tabac i fugir cap a la zona de
concerts a veure grups pels que havera matat per veure setmanes abans i d’altres
dels que mai n’havia sentit parlar, però aquells dies tot s’hi valia i les
ganes de ballar no faltaven; els “Eh,
trau la càmera, que no hem fet quasi fotos! Fiqueu cares de persones decents,
va, que açò va pal’ record” que deien col·legues ajupits a la gespa amb
birres i canuts a les mans mentre ens rodejaven amb els braços, fotos que
probablement mai tornem a veure amb gent que amb sort veurem el pròxim any o a
algun altre concert del terreno; el dormir mitja horeta entre concert i concert,
sentir una cançó i alçar-me d’un bot i començar a ballar com una boja; les
mirades calentes a totes hores, el aprendre’m de memòria tots els teus
tatuatges; el trobar a gent que no veia des que vaig començar l’institut –‘i ja han passat anys, molts anys; han passat
moltes coses’, com deia Estellés, i a gent de qui només recorde el sabor de
la seua boca i el tacte de les seues mans: “eh,
jo et conec, tu i jo ens vam liar en un concert?”; l’anar caminant tota
sola perquè ningú ha volgut anar a veure Lendakaris Muertos a les 3 del matí
passades i passar-m’ho millor que mai; el pegar-me amb gent de bon rotllo i amb
no de tan bon rotllo; el “—Hòstia tia, el
baixista és igual que el meu ex... –Pren, beu, fuma i veuràs com se’t passa!”
que em deies per animar-me com la millor de les amigues, i això que a penes ens
coneixíem; l’esguince al concert de Los de Marras de tant ballar, la veu fotuda
a les cinc hores d’estar allà, el rapar-me mig cap a les dues hores d’arribar
conseqüència de tres punkis que ni vam tornar a veure durant els tres dies
següents, el mal de músculs que ni sabia que tenia i que em portes a cavallet
fins la tenda perquè no tinc ni forces per dir-te que em deixes caminar, que em
puc valdre per mi mateixa, junt amb les teves xuleries de l’estil de “no et preocupes, jo tinc molt d’aguante”
mentre m’agafes més fort perquè no caiga de la teva esquena; que em presenten a
tanta gent i anar tan col·locada que no recorde ni el meu propi nom i dir-li a
tot el món “col·lega!”; el fugir dels
demés i besar-nos a amagades mentre els Riot Propaganda reclamen la caiguda del
sistema capitalista i jo et pique dient-te que em punxes amb la barba; el
col·locar-nos amb ves-tu-a-saber-què i acabar traient merda del passat fins
acabar plorant i després rient com dues boges; el parlar-li a tot el món en
valencià perquè ni recorde parlar en castellà; el estar el que vam tardar en
fumar-nos un paquet de tabac tirats a terra mirant les estreles tot sols mentre
m’agafaves de la mà i em contaves la teua història i jo l’escoltava sense veu
ni forces per poder contestar-te, però mai vas entendre per què mirava durant
tanta estona el cel si estreles hi ha a tots els llocs: “però la meua ciutat està plena de fum i no s’hi veuen”—et vaig contestar,
i jo no entenia com amb el fred que feia m’abraçaves perquè jo no en tinguera
sense camiseta. Enyore el dormir cinc hores en quatre dies, el “moreno de
ronya” i netejar-me les ungles amb una navalla, i dir qualsevol cosa sense que
em preocupe què puga pensar la gent; el furtar-los tabac als xics i sentir-nos
les millors perquè no se’n adonaven; a la gent de la qual no recorde ni el nom
però sí l’esperit i l’energia; el planificar el pròxim festival al dia i mig
d’estar allà, perquè anirem encara que diluviï; el mirar-nos i començar a
cantar “¡ojeras, ojeras, ojeras
farloperas!” per les cares de
rebentades que dúiem. Enyore el haver viscut més i més lliurement en quatre
dies que en tota la resta de l’any.
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