domingo, 22 de diciembre de 2013

Sobre cafés de madrugada y trenes por las mañanas.

No sé si es porque no me he querido dar cuenta antes o cómo, pero quedan dos escasas semanas de año y a mí aún me dura la resaca de la nochevieja pasada. Sigo teniendo en la boca el regusto a anís de las últimas fallas y notando el estrés de la semana antes de la selectividad. Sin embargo, por encima de todo eso siento las ganas de cantar de agosto, el ir a las prácticas de Construcción con una resaca atroz o los martes en El Cedro bebiendo cervezas de marca barata. Algo normal, supongo, teniendo en cuenta que de todo lo último hace menos tiempo que de lo primero, pero conservo todos y cada uno de los billetes de tren que compro para volver a casa cortados en pedacitos y preparados para hacer boquillas con ellos, como si fumar con ellos ayudara a hacer más llevadero el tener que volver.

Me estoy tomando este café y me sabe un poco como a los de la máquina de café que está en frente de la biblioteca de mi facultad. He tardado menos de lo que imaginaba en acostumbrarme a tener otro horario colgado en la pared y el bonometro junto al despertador; a tener en la cabeza las risas de personas que acabo de conocer, y me siento como si en cualquier momento fueran a empezar a dolerme los pies del cansancio acumulado de todos los conciertos vividos durante este año.

Decir que me he acostumbrado a vivir entre trenes sería mentir, es más apropiado decir que me he acostumbrado a vivir entre maletas -ahora mismo tengo una bajo mis pies- y entre desconocidos que llevan su vida recogida en unas pocas bolsas. A tener las manos llenas de callos y las uñas manchadas de grafito, el escritorio lleno de virutas de goma de borrar, y lápices por todas partes. A llevar siempre unos cascos puestos en las orejas y un bloc de dibujo en la mochila.

Espero no tener que echarte de menos, 2013.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Tuvimos un 1999 en pleno siglo XXI

Tuvimos un domingo en pleno jueves, tuvimos una conversación pendiente en plena noche, mil cervezas que beber y mil cafés que impedir que se enfríen; demasiadas maletas que hacer. Demasiadas cosas que guardar en espacios demasiado pequeños. Dibujos borrados junto a cartas jamás escritas, aparcados junto a una botella vacía de vino con sabor a aguardiente, de los que cada trago va directo al hígado, más dando vida que quitándola, como esos cigarros fumados por la necesidad de cobrar vida en cada inhalación.

Tuvimos los labios comidos por las palabras, y el aliento consumido por las ganas de decir algo que nunca hicimos más que tartamudear. Tuvimos mil trenes que perder, muchas noches mirando una pantalla en blanco e innumerables piedras con las que tropezar. "Bukowski no lo escribiría así; él diría que tuvimos un mal día, un mal polvo y mucha mierda encima". Pero mientras nos falte el whisky y el caché para poder rechazar un polvo hay que joderse. Joderse y escribir.


sábado, 2 de noviembre de 2013

"Un globo, dos sexos, tres orgasmos, cuatro risas, cinco besos, seis gemidos; y ríe la Luna por nada. Siete dudas, ocho renuncias, nueve fugas, diez silencios, once rosas, doce docenas de espinas afiladas oxidadas con desprecio, trece broncas, catorce puñaladas, quince duchas de agua helada, dieciséis deudas, diecisiete borracheras, dieciocho corazones bomba; y la Luna llora descuartizada. Diecinueve abortos, veinte colillas, veintiún castillos de arena, veintidós historias, veintitrés puntos de sutura y veinticuatro horas extraordinarias, y ciento y una heridas abiertas, y trescientas sesenta resacas, y mil y una noches sin ti".

lunes, 14 de octubre de 2013

Acción, reacción, repercusión.

Perdiendo trenes acabamos los de siempre: los tardones, los de las excusas, los que siempre llegan últimos y se marchan primeros. Y es que somos animales que siempre vuelven pese a la tormenta, que tropezamos dos, tres e incluso cuatro veces con la misma piedra; y cabezotas, somos más tercos que una mula. Que nos rompemos demasiado la cabeza para obtener finales que, ni de lejos, serán perfectos, y mucho menos nos servirán para algo. Porque la vida tiene un precio demasiado alto si la disfrutas mal; pero, al fin y al cabo, qué más da.
Pobre del que pretenda decir que somos sanos.

lunes, 7 de octubre de 2013

El problema ve quan no saps de qui és el problema, si dels demés o teu. I et ratlles. T’afones en la pura misèria perquè inevitablement penses que tot és culpa teva. Plores pels cantons. I a l’estona t’ompli la grandesa i et sens el propi món. Que ningú t’afone, qui tinga cap mena de problema amb tu que es foti, que tu pots amb això i més. Però en el fons saps que no és cert, que la culpa és teva, que tantes persones no poden estar enganyades. Et passes el dia mirant la pantalla del telèfon mòbil esperant respostes, esperant quelcom que mai apareix. Una minúscula esperança que faça sonar el “bip” característic de quan tens una notificació al mòbil o qualsevol altra estupidesa que tingues de so, no importa. La qüestió és que esperes una cosa que no arriba. I perds la paciència. La perds amb cada notificació de les rebaixes de Venca, i fins i tot amb la notificació del professor de Dibuix Arquitectònic dient que canvia l’hora de la classe de dijous per endarrerir-la i que ens alcem més tard, 30 minuts més d’una son que fa molt de temps que has perdut, canviada per nits senceres amb la música a les orelles i mirant un sostre blanc immaculat però sense vore'l; la teva ment està més enllà de les parets d’aquella habitació, d’aquell pis de mala mort. Durant aqueixes hores vagues més enllà dels carrers de Benimaclet, estàs corrent per l’Alameda sota uns núvols grisos de pluja que mai deixen caure res. I la gent dorm, llig, riu, beu, balla, folla. I tu corres per l’Alameda.

viernes, 4 de octubre de 2013

La verdad sobre el caso Harry Quebert - Joel Dicker

  "-Señoras y señores, todos andamos muy revueltos por lo que está pasando en Washington, ¿verdad? El caso Lewinsky… Sepan que desde George Washington, en toda la historia de los Estados Unidos de América han existido dos causas para poner fin a un mandato presidencial: ser un destacado rufián como Richard Nixon, o morir. Y, hasta hoy, nueve presidentes han visto interrumpido su mandato por una de estas dos razones: Nixon dimitió y los ocho restantes se murieron, la mitad de ellos asesinados. Pero he aquí que a esta lista podría añadírsele una tercera causa: la felación. La relación bucal, el francés, el chupa chupa, la mamada. Y cada uno de nosotros debe preguntarse si nuestro poderoso Presidente, cuando tiene el pantalón bajado hasta las rodillas sigue siendo nuestro poderoso Presidente. Porque eso es lo que apasiona a América: las historias de sexo, las historias de moral. América es el paraíso de la pilila. Y ya verán ustedes, de aquí a unos años nadie recordará que el señor Clinton levantó nuestra desastrosa economía, gobernó de forma experta con una mayoría republicana en el Senado o hizo que Rabin y Arafat se estrecharan la mano. En cambio, todo el mundo recordará el caso Lewinsky, porque las mamadas, señoras y señores, permanecen grabadas en la memoria. Bueno, a nuestro Presidente le gusta que le purguen de vez en cuando. ¿Y qué? Seguramente no es el único. ¿A quién de esta sala también le gusta? (…) Levántese, mi joven amigo. Levántese para que le vean bien y dígame en qué está pensando.
  -Me gustan mucho las mamadas, señor. Me llamo Marcus Goldman y me gusta que me la chupen. Como a nuestro querido Presidente. (…)
  -Díganos, joven: ¿le gusta que se la chupen los chicos o las chicas?
  -Las chicas, profesor Quebert. Soy un buen heterosexual y un buen americano. Dios bendiga a nuestro Presidente, al sexo y a América. (…)
  -Ya ven, a partir de ahora nadie mirará a este pobre chico de la misma forma. Todo el mundo pensará: ése es el cerdo asqueroso al que le gustan las mamadas. Y poco importarán sus talentos, poco importarán sus cualidades, será para siempre <<Señor Mamada>> (…). Señor Mamada, ¿podría explicarnos ahora por qué ha realizado tales confidencias mientras sus compañeros han tenido el buen gusto de callarse?
  -Porque en el paraíso de la pilila, profesor Quebert, el sexo puede hundirte, pero también propulsarte hasta la cima. Y ahora que todo el auditorio tiene puestos sus ojos en mí, tengo el placer de informarles que escribo cuentos muy buenos que se publican en la revista de la universidad, que venderé a la salida de clase por cinco dólares de nada el ejemplar. (…)
  -¿Cuántos ha vendido?
   -Todos los que tenía, cincuenta ejemplares. Y me han encargado un centenar pagados por adelantado. Los he pagado a dos dólares cada uno y los he vendido a cinco. Así que acabo de ganar cuatrocientos cincuenta dólares. Sin contar con que uno de los miembros del consejo de redacción de la revista acaba de proponerme que me convierta en redactor jefe. Dice que acabo de dar un golpe publicitario enorme para la revista y que nunca había visto nada parecido. Ah, sí, se me olvidaba: una decena de chicas me han dejado sus números de teléfono. Tenía usted razón, estamos en el paraíso de la pilila. Y debemos saber cuándo utilizar esa información en el momento oportuno."

miércoles, 2 de octubre de 2013

Te espero entre poesías.

Vuelven las cenas a base de tabaco, las noches sin dormir y el escribir sin tener nada que contar. La adicción a un buen libro a falta de drogas a las que engancharme; cansancio inesperado e imaginación desbordada. Risas hipócritas, enlatadas. Vivir pendiente del maldito reloj, tener una botella de cerveza como prolongación de mi mano. Que pasen las horas demasiado deprisa, no saber en qué mundo vivo. Añorar tu olor a mezcla de marihuana y vodka. Enterrar toda una vida en una maleta y luego abandonarla. Apuntes por ordenar de una vida llena de rutina, todo un mundo por recorrer.
Tengo mono de algo que jamás he tenido, no sé. Mejor voy a por un café.


martes, 17 de septiembre de 2013

Estrépito.

Y las cosas dejaron de ser simples, como si alguna vez lo hubieran sido. Fúmate ese cigarro, chico, que se te va a apagar. Aprovecha la vida, viejo, que se te está escapando. Tú, ¿qué miras? ¿Qué buscas? ¿Eres feliz? No lo creo. He aprendido que siempre hay que seguir caminando, que aunque las cadenas estén ahí, sujetándonos, no nos aprisionan. ¿Que por dónde hay que caminar? Cómo seguir es algo que no sé decir. El sol siempre sale por el este, y éste es un lugar en el que no quiero volver a estar, me recuerda demasiado de dónde provengo. Una vez leí que, en ocasiones, la soledad no es más que la cuchara solitaria batiendo el café de las mañanas grises. El café de las mañanas, el de las tardes, el de las noches. 42 páginas de 99 de unos apuntes de Construcción más infumables que otra cosa. Leídas, digo; ya ni me acuerdo de la mitad. Para la tierra sólo eres esa cosa que proyecta una sombra sobre sus carnes. Ya se me hace hasta gracioso utilizar esa palabra, proyectar.

La apatía es la solución, es decir, resulta más fácil abandonarse a las drogas que enfrentarse a la vida, robar lo que uno quiere que ganárselo, pegar a un niño que enseñarlo“.


jueves, 5 de septiembre de 2013

Buscando un pedazo de tierra que le dé rienda suelta a mis rabietas.


domingo, 1 de septiembre de 2013

Fiestas, bajones, respuestas, conocimiento.

A este septiembre lo llamaré café, marihuana y Riot Propaganda. Lo llamaré resaca cada domingo, rap a todas horas y caramelos de miel; desconocidos, conciertos y mala televisión. Orden y desorden.

A este septiembre lo llamaré universidad, escribir y salir; fumar y cobrar vida a cada calada, y perderla en cada exhalación.

A este septiembre lo llamaré cachimbas, ruido y horas perdidas; trabajo, piercings y poesía. Lo llamaré manifestaciones, barricadas y mar; ver amanecer desde la ventana, anochecer, utopía.

A este septiembre lo llamaré cervezas en la plaza, rastas y Bukowski en el metro, o leer, vivir y sufrir.

A este septiembre lo llamaré caos, porque todo empezó en un caos y en caos consiste mi alegría.


jueves, 22 de agosto de 2013

Explorant latifundis estel·lars

Trobe a faltar dormir en una tenda de campanya gitada damunt de pedres amb l’única protecció d’una tovalla i rodejada de restes de cigarrets. Escric açò asseguda a la taula del menjador del pis de la capital i em sent rara perquè no m’he assegut en una cadira que no fóra de platja en quatre dies. I ho enyore. Enyore no tindre menjar i alimentar-me amb tabac i kalimotxo, enyore la falta completa i absoluta d’horaris, l’alçar-me a les 6 del matí, fumar, veure les cares de rebentats de tots i tornar a dormir, llevar-me de nou a les 8, beure un parell de tragos i anar rodejada de gent coneguda hores abans a per cafés al bar del poble mentre discutim sobre qui de tots ha dormit menys i pitjor, tornar i ficar-nos a beure com descosits a crit de “vull alcoholitzar-me!”, la torrà del migdia amb veïns de tenda que ni coneixíem més que d’algun “eh, voleu un canut?”, nugar-nos les ronyoneres, carregar-nos de tabac i fugir cap a la zona de concerts a veure grups pels que havera matat per veure setmanes abans i d’altres dels que mai n’havia sentit parlar, però aquells dies tot s’hi valia i les ganes de ballar no faltaven; els “Eh, trau la càmera, que no hem fet quasi fotos! Fiqueu cares de persones decents, va, que açò va pal’ record” que deien col·legues ajupits a la gespa amb birres i canuts a les mans mentre ens rodejaven amb els braços, fotos que probablement mai tornem a veure amb gent que amb sort veurem el pròxim any o a algun altre concert del terreno; el dormir mitja horeta entre concert i concert, sentir una cançó i alçar-me d’un bot i començar a ballar com una boja; les mirades calentes a totes hores, el aprendre’m de memòria tots els teus tatuatges; el trobar a gent que no veia des que vaig començar l’institut –‘i ja han passat anys, molts anys; han passat moltes coses’, com deia Estellés, i a gent de qui només recorde el sabor de la seua boca i el tacte de les seues mans: “eh, jo et conec, tu i jo ens vam liar en un concert?”; l’anar caminant tota sola perquè ningú ha volgut anar a veure Lendakaris Muertos a les 3 del matí passades i passar-m’ho millor que mai; el pegar-me amb gent de bon rotllo i amb no de tan bon rotllo; el “—Hòstia tia, el baixista és igual que el meu ex... –Pren, beu, fuma i veuràs com se’t passa!” que em deies per animar-me com la millor de les amigues, i això que a penes ens coneixíem; l’esguince al concert de Los de Marras de tant ballar, la veu fotuda a les cinc hores d’estar allà, el rapar-me mig cap a les dues hores d’arribar conseqüència de tres punkis que ni vam tornar a veure durant els tres dies següents, el mal de músculs que ni sabia que tenia i que em portes a cavallet fins la tenda perquè no tinc ni forces per dir-te que em deixes caminar, que em puc valdre per mi mateixa, junt amb les teves xuleries de l’estil de “no et preocupes, jo tinc molt d’aguante” mentre m’agafes més fort perquè no caiga de la teva esquena; que em presenten a tanta gent i anar tan col·locada que no recorde ni el meu propi nom i dir-li a tot el món “col·lega!”; el fugir dels demés i besar-nos a amagades mentre els Riot Propaganda reclamen la caiguda del sistema capitalista i jo et pique dient-te que em punxes amb la barba; el col·locar-nos amb ves-tu-a-saber-què i acabar traient merda del passat fins acabar plorant i després rient com dues boges; el parlar-li a tot el món en valencià perquè ni recorde parlar en castellà; el estar el que vam tardar en fumar-nos un paquet de tabac tirats a terra mirant les estreles tot sols mentre m’agafaves de la mà i em contaves la teua història i jo l’escoltava sense veu ni forces per poder contestar-te, però mai vas entendre per què mirava durant tanta estona el cel si estreles hi ha a tots els llocs: “però la meua ciutat està plena de fum i no s’hi veuen”—et vaig contestar, i jo no entenia com amb el fred que feia m’abraçaves perquè jo no en tinguera sense camiseta. Enyore el dormir cinc hores en quatre dies, el “moreno de ronya” i netejar-me les ungles amb una navalla, i dir qualsevol cosa sense que em preocupe què puga pensar la gent; el furtar-los tabac als xics i sentir-nos les millors perquè no se’n adonaven; a la gent de la qual no recorde ni el nom però sí l’esperit i l’energia; el planificar el pròxim festival al dia i mig d’estar allà, perquè anirem encara que diluviï; el mirar-nos i començar a cantar “¡ojeras, ojeras, ojeras farloperas!” per les cares de rebentades que dúiem. Enyore el haver viscut més i més lliurement en quatre dies que en tota la resta de l’any.



domingo, 30 de junio de 2013

Las paredes que esconden tus recuerdos.

No recuerdo cuánto hace que no dejaba pasar las horas escuchándola Fuga, ni cuánto hace que no me sentía así. Creo que me estoy acostumbrando a la inestabilidad y dudo que eso sea algo bueno.

Recuerdo noches idénticas a esta, sonando la misma canción, con el mismo calor agobiante, llevando la misma camiseta tres tallas más grandes, fumando la misma marca de tabaco; pero un año atrás, cuando mi mundo era poco menos que caótico. Eran otros ojos los que me observaban desde el interior de mi cabeza, y otras palabras las que borraba sin llegar a enviar. Otro balcón desde el que miraba la Luna esperando que algo cambiara. Y ahora que todo cambia estoy como un gato callejero, a la espera de que alguien venga a atacarme, siempre en tensión, sin poder disfrutar de la libertad. Es como la calma que precede a la tempestad pero sin tempestad. Y sin calma. Sólo un día a día corriente y moliente sin más altibajos que la elección del bar para las cervezas nocturnas o el transporte para ir al concierto del pueblo de al lado.

Realmente ese es el problema, que no respiraré en paz hasta que pueda cantarle a las estrellas cada noche desde una ventana distinta.


jueves, 6 de junio de 2013

Sólo andamos a lo nuestro.

No sé. Sencillamente no sé. No sé qué hago aquí en vez de estar matándome a estudiar, no sé qué hago con tantas ganas de dormir y tanto café en las venas. Qué demonios, ni siquiera sé qué hacer con mi vida. Ni sé por qué tengo ganas de comerme a alguien a bocados, para bien o para mal. No sé por qué no estoy radiante de felicidad, por una vez tengo motivos para estarlo.  No sé por qué te sigo echando de menos cuando es más que evidente que no es recíproco. No sé por qué tengo estas enfermizas ganas de salir de esta ciudad que me va pudriendo poco a poco si lo que me da ganas de romperme no es la ciudad en sí. No sé por qué ‘la vida ja no balla descalça’, sólo sé que ahora ya no baila, no puede, tiene los pies llenos de cicatrices que le hacen recordar viejos viajes en moto para comprar helados. No sé por qué me he puesto tan melodramática si deberían estar volando hostias. No sé cuándo me he vuelto tan melodramática. No sé qué hacen saliendo de tu boca malas excusas, burdas, huecas.
No sé por qué lo único que me viene a la cabeza cuando pienso en las últimas semanas es esta canción.


viernes, 29 de marzo de 2013

No quiero un universo de cartón.


Eh, que sigo viva, no os creáis que he olvidado esto; prometí a un yo que ya no existe que mientras pudiera lo mantendría vivo y aquí estoy. No sé demasiado bien qué decir, casi todo lo que hay aquí escrito va sobre mi vida, y ahora mismo ésta es una perversa mujer llamada Monotonía que apura los últimos tragos de una copa bien cargada mientras se golpea el muslo con la mano al ritmo de vete-tu-a-saber-qué-canción.
Ya no me quedan uñas en las manos; desde que tengo memoria me las muerdo y siempre lo he tomado como uno de esos vicios imposibles de dejar, como el leer hasta las tantas de la madrugada y sólo parar cuando los ojos ya no me permiten continuar, pero estoy empezando a pensar que viene por algo más. ¿Estúpido, verdad? Diecinosecuantos años haciendo una cosa sin razón alguna. Así soy yo. Os he contado eso por alguna razón, pero ya no recuerdo cuál.

¿Es normal que la primera palabra que me ha venido a la cabeza en este mismo instante sea 'hecatombe'? Me encanta esa palabra, no sé muy bien porqué, tal vez porque me recuerda a alguien, ahora mismo no sé con seguridad a quién pero seguro que hay alguien, siempre lo hay.

Hace apenas unas horas íbamos mi mejor amiga y yo con unas cervezas de más cogidas de la mano y cantando a todo pulmón (la única forma auténtica de cantar en mi opinión) “Te quiero, revoltosa” por en medio del paseo cuando han pasado por nuestro lado un grupo de chicos más o menos de mi quinta y uno de ellos nos ha gritado: “¡Qué bonito es el amor!”. ¿No creéis que, solamente por eso vale la pena enfrentarse a las miradas de la gente; que, aunque no sea exactamente aplicable a nuestro caso, no vale la pena que, de entre el bullicio y el escándalo que hay un día de vacaciones por el paseo central de una ciudad, un grito con un mensaje como ése sobresalga entre los demás?

Tampoco sé muy bien a qué ha venido esto, pero ya no me podéis  decir que no intento mantenerlo vivo contándoos mi mierda de vida que, por razones que no alcanzo a comprender, algunos de vosotros disfrutáis leyendo. Quién sabe, igual estáis tan locos como yo  y amáis leer cualquier cosa con una mínima concordancia y que no pretenda ofender a nadie.


miércoles, 27 de febrero de 2013

Sudor y polvo.


Si no fuera porque soy un poco menos gilipollas que eso creería que todo cuanto me rodea es fruto de una paranoia de algún Ente aburrido en su dimensión y sin diosas a las que hacer gemir entre sudor y polvo milenario.

¿Qué nos ha pasado, o mejor, qué nos dejó de pasar; cuándo empezaron los silencios a ser tan incómodos, tan vacíos de significado? Por lo general sólo me gustan dos tipos de silencio: los que preceden a un beso y los que se llenan con una mirada, y jamás llegamos a tener ninguno de los dos. Me gustaba cuando sin estar a mi lado me secabas las lágrimas con tus palabras actuando de pañuelo. Me gustaban los mil y un planes que pasábamos horas imaginando a sabiendas de que muchos de ellos jamás llegarían a cumplirse. Me gustaba tu canción favorita, ahora tendré que pasarla al grupo de “canciones prohibidas” junto a todas las demás; qué triste es privarse de la buena música, ¿verdad? Me gustaba cuando, sin previo aviso, tirabas de mi mano para empujarme hacia ti y me abrazabas muy muy fuerte, como si no quisieras soltarme nunca, o eso creía yo.

Nunca me ha gustado tu absurdo sentido del humor, pero ahora creo que lo hecho en falta. Hecho, con h de héroe, con h de hernia, con h de hecatombe.


martes, 12 de febrero de 2013

ARTiculate.

Cada nuevo abril no puedo evitar acordarme de cómo decías que dejáramos de lado las cicatrices del pasado mientras tu dedo recorría mi espalda para justo después cogerme de la mano y empezar a tararear las notas de 'Where did all the love go?'.

¿Sabes qué pasará? Que el día menos pensado cogeremos el primer tren hacia Barcelona con lo puesto, tú con tu tabaco y yo con mi guitarra, justo como Sid y Nancy, y nos perderemos por entre las obras de Gaudí mientras me lanzas pequeñas pero cariñosas pullas por mi pedantería al hablar de mi gran ídolo. Correré como una cría por las Ramblas mientras el sol se refleja en mi pelo lanzando destellos dorados y poco a poco tú me irás perdiendo de vista, pero como sabes, el protagonista de mi libro favorito dice que cuando se pierda le busquen en una estación de tren. ¡Bum! Estamos en París, con cafés en las manos mirando el escaparate de Tiffany's, aunque sabes que eso no me hace ni la mitad de feliz que estar en un transatlántico rumbo a América, aunque sea con trágico final.

Así es como imagino nuestra vida, de aquí para allá, rodeados de nuestro "arte" favorito, porque una vida se recuerda a golpes, a saltos, y así es como quiero recordarnos.

sábado, 2 de febrero de 2013

-Alright, she will carry on-


Eh, ¿te conozco? Ah, sí, ya me acuerdo de ti, yo solía quererte. También solíamos ser amigos, nos contábamos todo lo que dos críos de 15 años pueden contarse mientras nos fumábamos cigarros creyéndonos los más malos de este planeta. ¿Qué es de tu vida? Espera, ¿por qué debería importarme? ¿Acaso la mía te importó alguna vez? No, claro que no, a ti sólo te importaba una persona, y obviamente no era yo; espero que no sigas tan estúpido. No has cambiado nada, sigues con la misma carita de no haber roto un plato en tu vida, pero a mí ya no me engañas, que aunque creas que jamás llegué a conocerte sí llegué a ver qué se esconde tras esa mirada triste y verdosa con esa particular chispa de rebeldía. ¿Te sorprende que todavía recuerde el color de tus ojos? Que tengo buena memoria es algo tan característico de mí como el tono de mi piel, pero a ti jamás te importó ni un ápice nada que no tuviera que ver contigo.

Aunque no lo creas me ha alegrado saber de ti, pero sólo un poco, por saciar la curiosidad; pero ya se sabe: la curiosidad mató al ratón, y yo podría haber vivido en paz con ésa eterna duda.



domingo, 20 de enero de 2013

Sobre héroes y Heroína.


Me aburro de mí misma, y eso que no sé ni si eso es posible. Ya no me molesta la rutina de clase-comer-estudiar-dormir, me es indiferente. Todo me es indiferente. Las cosas más entretenidas me aburren y las más monótonas me distraen dentro de lo posible. No sé cómo explicármelo, la verdad. Porque de eso se trata, de que lo entienda yo, no los demás. ¿Sabéis lo que es echar la vista atrás y que el último buen fin de semana que recuerdes sea de hace varios meses? ¿Que en todos los demás el plan sea salir, beber, fumar y volver a casa? De ahí que haga tantísimas semanas que no salgo; para amargarme no necesito drogas.

¿No se supone que esta es la mejor etapa de mi vida? Pues si esta es la mejor no quiero ni saber cómo será la peor. No pido una vida fácil, de película, pido objetivos, un solo objetivo; algo que, cuando lo mire, me haga decir “va, voy a currármelo y a darlo todo de mí”, algo que me haga seguir adelante y dejar esta mierda de tedio de hacerlo y dejarlo todo a medias. Sé que no sacaré más que unas mediocres notas que, espero, sean suficientes para entrar a cualquier universidad, ya me da igual dónde. Sé que jamás llegaré a trabajar de lo que realmente me gusta, ni llegaré a hacer todas las cosas que me gustaría llevar a cabo antes de morir, me conformaría con algo de un mínimo valor que me haga levantarme y decir “allá voy”. Creo que me estoy acostumbrando demasiado a aceptar lo que viene sin pelear. Esto me recuerda un poco al héroe que luchó por salvar a la heroína equivocada y acabó cayendo él.

Confío en que todo vuelva a ser tan fácil como cuando 'How to save a life' era la BSO de Anatomía de Grey.


jueves, 3 de enero de 2013